LA HISTORIA DE ESTA HISTORIETA HISTÓRICA

Por Gonzalo Eyherabide

Prólogo de Felipe Pigna

El 25 de agosto (“Día de la Independencia” en Uruguay) de 2020 en el balneario Punta Colorada, sorpresivamente inspirado por ese malestar constante de la identidad cultural uruguaya que es la inquietud acerca de su propia existencia (acaso uno de sus rasgos más recurrentes) me puse a googlear sobre los “33 orientales” (número mágico del gusto masón) que como sabemos ni fueron 33 (sino más) ni todos orientales. Por ejemplo, yo vivía en ese momento en Montevideo sobre la Avenida Costanera Felipe Carapé, quien integraba aquél grupo siendo un criminal perseguido paraguayo de baja estatura (“carapé” significa “petiso” en guaraní).

Enseguida me llamó la atención el apellido “Artigas”, que ha matrizado la sociedad uruguaya doctrinariamente a través de la educación primaria y secundaria y un sinfín de bustos y cuadros colgados de paredes despintadas en cada dependencia estatal y nomenclatura vial, como el mayor ejemplo de patriotismo y símbolo político unificador nacional. Baste recordar que los asesinos, torturadores y ladrones de nuestra dictadura cívico-militar de 1973 a 1985 hacían marketing valiéndose de su nombre, que inspiraba ideológicamente a sus víctimas de izquierda hasta en el diseño gráfico de su bandera.

Releyendo la lista de aquellos 33 nombres, reparé en “Joaquín Artigas” y en “Pantaleón Artigas”. También me llamó la atención el nombre “Dionisio Oribe” y tras descubrir que era africano, al igual que Joaquín, enseguida estos dibujos se expresaron a través de mí. Y subí esta publicación a Instagram cuatro días después:

Nótese que escribí bajo el dibujo de Joaquín, inspirado por la fuente periodística consultada “criado de Pantaleón Artigas”. “Criado” es ese eufemismo de “esclavo” o como es preferible decir: “esclavizado” para extirpar la sombra de una pretendida “esencia” y trasladar esa condición al plano del devenir de la “existencia” en un verbo (esclavizar) que revela la opresión de otro/s. “Criado” es ese participio hipócrita del verbo “criar” que nos recuerda a “cría” o “crianza”, es decir que supone alguna suerte de cuidado y de educación (ambas acciones suelen vincularse a alguna forma de cariño) por parte del dueño y amo hacia ese ser humano objetivado como su “propiedad”.

También dibujé a un Pantaleón Artigas veterano, cosa imposible si hubiera atendido a lo que yo mismo escribí debajo: sus fechas de nacimiento y muerte indican una vida de 27 años. Más adelante me basaría para su dibujo en la versión de aquél joven sobrino de José Gervasio que pintó Blanes.

TRAFICANTES, EXPLOTADORES DE PERSONAS Y
OTROS BUITRES

En su “Crítica del programa de Gotha”, Karl Marx nos advierte que “el hombre que no dispone de otra propiedad que su fuerza de trabajo tiene que ser, necesariamente, en todo estado social y de civilización, esclavo de otros hombres, quienes se han adueñado de las condiciones materiales de trabajo.”

El filósofo Byung-Chul Han nos revela que en la actual sociedad neoliberal de hiperconsumismo, “ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose”.

El capitalismo se inicia con una inyección de capital primigenio que el feudalismo no podría haber generado, de no ser por esa gran multinacional que fue la trata de esclavos. Europeos y estadounidenses que durante 400 años robaron una cifra estimada entre 20 y 40 millones de personas de África, para robar también las riquezas del suelo y subsuelo de Sudamérica, Centroamérica, Norteamérica y el Caribe.

Se cuenta la historia de un actor que en la ciudad de Liverpool (Inglaterra) fue silbado por el auditorio al aparecer en escena en estado de embriaguez y declaró ofendido: «No he venido aquí para ser insultado por un montón de miserables, en cuya ciudad cada ladrillo está cementado con la sangre de un africano».

Contemplando el cielo desde las rocas de la costa del sur de Sudamérica, que son las mismas de la costa del sur de África, me pregunté (y lo sigo haciendo) cuánto ha variado en la sociedad actual del sistema económico que nos rige, la naturaleza de su propio origen.

2020 será recordado por la pandemia y su “distancia social”. Pero otra distancia social creció ese año: el 1 % de la población mundial se apropió del 63 % de toda la riqueza.

Yo estaba recreándome en el ocio del fin de semana con que el 99 % de la población mundial que integramos la clase del “precariado” (y solo poseemos un tercio -en constante reducción- de las riquezas que acapara el otro 1 %) tratamos de recordar qué debería ser vivir y qué es la libertad, fuera del yugo de los demás cinco días.

En realidad no estaba viendo directamente el cielo, sino mi celular, donde tenía la foto de dicho cielo como fondo de pantalla. Ese celular, al igual que el dispositivo donde estás leyendo esto, funciona gracias al tántalo, que se obtiene del mineral coltán por cuya extracción (y las guerras generadas alrededor de la misma) ya han muerto millones de personas en África.

Este cielo del atardecer de Punta Colorada (rojizo como aquellos ladrillos de la ciudad que engendró a los Beatles) es recorrido por majestuosos buitres cabeza colorada, que ya venía dibujando desde la vista de mi casa:

Estos buitres pueblan el sistema de la Cuchilla Grande que incluye los cerros de Cerro Largo (en Melo, su capital, murió Joaquín Artigas) y el Cerro del vasco francés Berdum (ahora Cerro del Verdún) cercano a las haciendas de las que fue dueña la familia Artigas en Paso de los Troncos junto al arroyo Casupá (donde trabajó Joaquín Artigas y desde donde partieron armados 200 rebeldes al mando de Manuel Francisco Artigas en febrero de 1811). Actualmente en Casupá se conserva parte de “las mangueras de los Artigas” (construidas seguramente por esclavizados o semi-esclavizados) donde se celebra un festival criollo anual. Son estructuras circulares de piedra útiles para resguardar al ganado de la crecida del arroyo y del crecimiento patrimonial de los cuatreros.

Las mangueras de los Artigas en Casupá.

De vuelta en Montevideo, me bastaba caminar desde la Avenida Carapé cinco cuadras para llegar al Museo de Bellas Artes Juan Manuel Blanes, donde se exhibe la que suele ser considerada la mayor pintura de la iconografía de nuestra historia patria: “El juramento de los 33 orientales”. Blanes la pintó a la misma edad que yo entonces (47 años). La vi por primera vez en mi infancia, guiado por mi abuela y mi madre. Recordaba cierta impresión que me produjo aquél óleo sobre tela de 3,11 × 5,64 m. Aunque no tendría para mí ni por asomo el abismal impacto que me provocó la visión de “La fiebre amarilla”, que continuó por semanas y cuyos ecos románticos todavía puedo sentir.

Pasé largos ratos contemplándola durante dos años. Pedí una escalera para poder ver aquél sombrero, ojo y nariz de Joaquín Artigas más de cerca, pero se me explicó amablemente que debería hacer ese pedido por escrito a la dirección del museo y no insistí. Preferí aguzar la vista en el salón y hacer zoom en internet:

Juramento de los 33 orientales. Pintura de Juan Manuel Blanes (1878).

Impreso informativo del Museo Blanes.

Los rostros de los dos africanos Joaquín Artigas y Dionisio Oribe no se ven. Están casi totalmente cubiertos por sendos brazos en alto de otros personajes.

Foto izquierda: sombrero y cara casi oculta de Joaquín Artigas. Foto derecha: cabeza de Dionisio Oribe, del “Juramento de los 33 orientales” de Blanes.

Hay otro afro a quien vemos de espaldas (o sea que tampoco conocemos su rostro). Está junto a un gaucho caucásico y son las únicas personas que se encuentran trabajando (a cargo de un bote).

DE ANTIGUOS Y NUEVOS TINTEROS:

En la Catedral de Minas (la capital de Lavalleja) un sacerdote con acento extranjero me permitió ver los libros de registros parroquiales donde figuraban anotaciones sobre vecinos de Casupá entintadas a principios del siglo XIX.

Esta es una foto que saqué de la anotación del nacimiento de Joaquín Lucas Artigas en 1807, hijo de Rosa, esclava de Martín José Artigas. Sus padrinos fueron Joaquín Artigas y María Isabel Ramona Rodríguez:

Y aquí mi foto del registro del casamiento de Joaquín Artigas de Mozambique y María del Congo (“viuda del finado negro Juan, todos esclavos de Don Martín Josef Artigas”) en Minas en 1818:

Empecé a bocetar:

José Artigas usó durante mucho tiempo el pelo largo sujeto con una trenza. La representación de este peinado no se ha hecho conocida hasta ahora.

Pegué esta hoja frente a mi escritorio:

Releí historia nacional y me puse a aprender sobre lo que casi nada sabía: la historia de la esclavitud. Acá está la bibliografía que recorrí.

La lectura inició con este libro clave de 1976 que dedica un capítulo (de página y media) a Joaquín Artigas y otro (de media) a Dionisio Oribe, así como a cada uno de los 33 de aquella lista oficial firmada por sus jefes Juan Antonio Lavalleja y Manuel Oribe. Está agotado y tampoco restan ejemplares en la editorial Banda Oriental. Su director Alcides Abella me orientó sugiriéndome buscarlo en la biblioteca del Palacio Legislativo. Y allí fui:

Biblioteca del Palacio Legislativo y ejemplar de “Los libertadores de 1825”

Alex Borucki, un historiador uruguayo que trabaja en la universidad de Irvine (California) fue con gran paciencia y generosidad mi Virgilio en los recorridos de las rutas del esclavismo desde África al Río de la Plata. Gracias a sus investigaciones (que incluyeron el diario de bitácora del capitán Samuel Chace) pude conocer el itinerario de la nave Ascension en cada detalle. Esta realizó el primer viaje con carga de esclavos de un navío estadounidense directamente desde Mozambique a Montevideo, a cuyo puerto arribó el 29 de enero de 1798, tras tres meses de travesía desde su segunda partida de Mozambique. De los 250 cautivos que cargaba en su bodega, 33 murieron a bordo (algunos seguramente como consecuencia de una rebelión) y otros cuatro tras el desembarco.

Mi prima Bonnie Loedel, que vivió en Boston y ahora en Cape Cod, me habló acerca de la ostentosa riqueza de las mansiones de la ciudad de Newport (desde donde zarpó) y de la casa (ahora museo) de William Vernon, uno de sus propietarios.

En su casa de Newport, Vernon alojó al conde de Rochambeau quien estableció su cuartel general al frente de 6000 franceses enviados en 1780 por Francia para unirse a George Washington y apoyar la revolución de independencia de Inglaterra. Cuando la Ascension de Vernon zarpó de Newport en 1795, Washington era presidente de Estados Unidos.

Esclavista y banquero William Vernon

Seco del papel de tantos libros y cegado por los textos en pantallas, sentí la necesidad de oír hablar a las personas. Y me reuní con algunas mujeres y hombres que generosamente me prestaron su tiempo y atención compartiendo sus recuerdos, historias familiares y visiones. En los “Agradecimientos” del libro quise reconocer su ayuda.

El alcalde de Casupá Luis Oliva me puso en contacto con Pepe Miraballes, baqueano de la zona, quien me guió en la recorrida de los campos que habían sido de los Artigas. Aquellas “cuatro suertes de estancia” otorgadas en 1768 por la corona española a Juan Antonio Artigas, el abuelo de José Gervasio y primer militar español afincado en Montevideo, cuando vino junto a Zabala siendo parte de la fundación de la ciudad. Buena parte de estos campos serían regenteados por su hijo Martín José Artigas, así como también ampliados con sucesivas compras de estancias vecinas.

Foto de mapa de los campos de los Artigas en Casupá, gentileza de Pepe Miraballes.

Orillas del arroyo Casupá en las haciendas que fueron de los Artigas.

Así describe el historiador Pivel Devoto aquellas estancias:

“… en los campos de Casupá, donde había una cocina y unos corrales de palo a pique; los trabajos para apartar ganados, la marcación de los mismos, las faenas para ‘hacer cueros’ así como la conducción de estos a Montevideo, no podían ofrecer bastante escenario al espíritu inquieto de Artigas. Más allá de las casas, del cerco de tunas que las rodeaban y de las mangueras de piedra que limitaban la heredad de sus abuelos, se ofrecía sin vallas, a quien quisiera recorrerla, la campaña de la Banda Oriental…”

Cuando salía de Casupá, otro dibujante (Pipi Sastre) me demostró su interés por algunos de estos personajes históricos y de mi historieta:

Desde las “mangueras” Miraballes me indicó la ubicación aproximada de la estancia y casa que habitó Pantaleón, así como la de su abuelo Martín José Artigas, padre de José y Manuel. También la ubicación muy cercana, visible desde allí, de un poblado de charrúas minuanes que habitaban la zona. Se me hizo evidente que los Artigas interactuaban y negociaban con los charrúas. De hecho, esto era parte de una tradición familiar: Juan Antonio, el primer Artigas que pobló la Banda Oriental, había ganado prestigio en su imagen pública y poder político cuando persuadió a los caciques de varias tribus de evitar una guerra habiendo llegado con sus guerreros a las puertas de Montevideo movilizados por el asesinato de un charrúa a manos del peón de una estancia.

 Hay dos versiones de la procedencia del nombre Casupá. Según el historiador Juan Alberto Gadea se debe a la presencia de indios minuanes y deriva de “Gasupa” en nombre de uno de sus caciques, quien lo trasmite al arroyo donde residían. Por otro lado el cronista Rodolfo Maruca Sosa en su trabajo “La nación charrúa” afirma que “Casupá” es una voz de origen guaraní. Según el lingüista paraguayo Francisco Pérez Maricevich, quien dirigiera la Biblioteca Nacional de Paraguay, significa “caa guasu pa (selva grande)”.

DESPUÉS DE LA PESCA Y LA RECOLECCIÓN: LA
COCINA.

Entonces escribí el guion.

Y así el 3 de octubre de 2021 me puse a dibujar y escribir la primera página:

Luego Gabriel Ferreira con infinita paciencia y riguridad editó gráficamente y maquetó los originales.

Sonsoles Moura me acompañó (como siempre durante 22 años) en un paseo por el barrio del Cerrito de la Victoria para sacarme la preciosa foto de la solapa del libro:

Y el querido amigo y finísimo clasicista Nicolás Branca hizo la tapa:

Felipe Pigna, que cada día enseña mejor, me abrió las puertas de su estudio en el barrio de Caballito (Buenos Aires) y las del libro a sus lectores y lectoras con este prólogo.

Y Jacqueline Lacasa leyó, vio y escribió este texto.

En aquella playa de Punta Colorada Amir Hajjoul de Editorial Planeta me habló y escuchó y Claudia Garín creyó en el libro, que contó con la edición de Camila Guillot y las correcciones (muchas desoídas por mí para horror de los lectores más refinados) de Sofía Gervaz.

El resultado fue “ARTIGAS EL PATRIOTA SIN PATRIA” publicado por Editorial Planeta en 2023.